¿Criterio de devengo o criterio de caja?

Blog de notas

Constantemente oímos hablar sobre la aplicación del criterio de caja o el criterio de devengo en la contabilidad de nuestras empresas, surgiendo en muchas ocasiones cierta polémica sobre cuál debe ser su aplicación. Intentemos explicar de una manera simple y clara en qué consiste cada uno y cuando puede aplicarse.

El criterio de devengo

Tanto el Impuesto de Sociedades como la Ley del Impuesto sobre la Renta de las personas físicas establecen qué, de manera general, debemos imputar los ingresos y los gastos aplicando el principio de devengo. Esto es, deberán declararse, o lo que es lo mismo, contabilizarse, en el momento en que se produce el ingreso o gasto, y no en el momento en que se contabiliza o se paga.

Importante: “No confundamos ingreso o gasto con cobro o pago, que son cosas muy distintas. Una venta es un ingreso, independientemente de si se cobra o no. Lo mismo ocurre con una compra o un gasto.”

Por tanto, el devengo se produce cuando el ingreso o gasto ocurre, independientemente de si éstos son pagados o cobrados. Dicho de una manera más formal, se produce en el momento de la puesta a disposición del adquirente del bien o, en el caso de prestaciones de servicios, cuando éstos se presten, ejecuten o efectúen las operaciones gravadas. Y no debemos de confundir la fecha de devengo con la de facturación.

El criterio de caja

El criterio de caja consiste en todo lo contrario. Es decir, se imputan o declaran los ingresos y los gastos en el momento en que se cobran o pagan, independientemente de cuando se generaron.

Es un criterio que puede ser aplicado por personas físicas que no cumplimenten sus obligaciones contables y registrales conforme al Código de Comercio, estando obligadas a mantener el criterio durante tres años y a su notificación en el Impuesto sobre la Renta de las personas físicas.

En el caso de Sociedades, se podrá elegir entre aplicar el criterio de caja o el de devengo en las operaciones a plazo, o con precio aplazado.

No obstante, con la nueva normativa puesta en marcha por el Gobierno para que las empresas cuyo volumen de facturación no supere los dos millones de euros no liquiden el IVA repercutido hasta que éste haya sido cobrado se produce un cambio radical en lo que hasta ahora se venía realizando. No obstante, aquellos que se acojan a este nuevo régimen de liquidación, deberán, así mismo, deducirse el IVA soportado de los gastos cuando lo paguen. Además, la elección del criterio de caja obligará a su mantenimiento por un periodo no inferior a dos años.

Y por último, ni que decir de los problemas que se pueden crear en las operaciones que se realicen entre empresas acogidas a esta nueva modalidad, y las que no, es decir, las que se acojan al criterio de caja para liquidar el IVA, y las que se mantengan en el criterio de devengo.

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