Las empresas necesitan urgentemente que fluya el crédito.

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Durante muchos años las empresas españolas se habían acostumbrado a desarrollar su actividad con un fácil acceso a la financiación y con unos costes o intereses verdaderamente asequibles. Las empresas actuaban bajo una fuerte dependencia del crédito bancario con la creencia de que éste se mantendría de forma ininterrumpida a lo largo del tiempo.

Pero esto cambió con la llegada de la crisis económica, y actualmente esas mismas empresas que compraban e invertían alegremente animadas en muchos casos por las entidades financieras, les toca ahora afrontar el problema de la falta de liquidez provocado por su menor actividad y la caída del consumo, la mayor presión fiscal, la desaparición de los resultados y por la enorme dificultad que tiene en la obtención de financiación bancaria.

Antes, las necesidades eran de financiación para la inversión. Ahora las necesidades de liquidez pasan por cubrir los pagos corrientes, y por hacer frente a los endeudamientos en los que se incurrió en la época de bonanza. Por cubrir, en definitiva, las necesidades de circulante.

El crédito en España está cerrado, por lo menos para las pymes, y las que pueden acceder a él se encuentran con la exigencia de unas garantías y unos tipos de interés desmesurados. Y con estas circunstancias, las empresas que aún pueden acceder al crédito se ven obligadas a aceptar cualquier condición que se les ofrezca, sea cual sea, a sabiendas de que en muchos casos será muy complicado cumplirlas. Hay expertos que defienden la idea de que el problema de liquidez en las empresas no existe, sino que lo que ocurre es la radicalización del criterio de riesgo que aplican las entidades financieras.

Sin financiación, y con las circunstancias económicas actuales, el mantener la actividad de traduce en muchos casos como inviable, y lo más triste, muchas empresas se ven abocadas al cierre aun disponiendo de negocio y pedidos.

Las empresas necesitan urgentemente que fluya el crédito. Menos reformas legislativas de cara a la galería y más acceso al crédito. Los cambios normativos y en la fiscalidad deben ir orientados a fomentar la actividad económica y empresarial, pero también a dotar a las empresas de unos mecanismos de financiación que les permitan ejercer su actividad y competir con garantías.

La reestructuración de la banca de momento no ha tenido ningún efecto sobre la apertura del crédito a las empresas, y las alternativas al crédito bancario aún son muy testimoniales: Sociedades financieras de descuento de pagarés o anticipo de facturas, fondos de capital riesgo o inversores privados, organismos públicos de financiación o garantía recíproca…

De cualquier forma, saldremos adelante, que no lo dude nadie.

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